Las dificultades hay que convertirlas en posibilidades
En zonas rurales de Colombia existen niños, niñas y jóvenes que tienen que caminar hasta una hora hacia la escuela para poder estudiar. Lugares inhóspitos en pleno siglo XXI que no tienen energía, aún así, la candidez y la alegria sigue más viva que la de cualquier niño citadino. Niños y niñas que al tomar un lapicero de diferente color o forma les causa felicidad, niños que cualquier cosa la transforman en juguete. El conocimiento y la sabiduría de los territorios es una muestra de las grandes habilidades cognitivas que tienen los niños y que pueden dar pie a que se desarrollen en nuevos conocimientos. Los valores humanos son una llama que se debe alimentar más en estas tierras olvidadas y estigmatizadas.




